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Dimecres, 26 de abril de 2006

Interferències recreatives

Subsecció "Les interferències" emesa el 26/04/06 a "La subitácora del progressive"



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¿Os acordáis de las primeras palabras que aprendimos en inglés, cuando éramos unos niños y ni siquiera sabíamos ni cómo pronunciarlas? “On” y “off”, “Play” y “Stop”, “Open” y “Close”, “Left” y “Right”… Y algunos, incluso, llegamos a aprender frases enteras… “Insert coin”, “Game over”...

¿Os acordais de las salas de máquinas de toda la vida? Qué grandes momentos cuando éramos unos niños que podíamos pasarnos una tarde entera mirando las partidas de los mayores desde abajo… Porque claro, nunca teníamos una moneda. Y si alguna vez nos daba la paga nuestra abuela, siempre nos decía… “gástatelo, hijo, pero no en máquinas”. ¡¿Por qué?! ¡¿Qué tenían todas las abuelas del mundo contra las máquinas?! Por eso tenías que engañarlas sutilmente diciendo: vale, abuela, no iré a una sala de máquinas... iré a una sala recreativa.

Y claro, eso de la sala recreativa era todo un eufemismo... Bueno, qué eufemismo ni que… Era una mentira como una catedral, porque ahí dentro en realidad no había otra cosa que máquinas... bueno y chucherías. Y un señor o señora cuyo único trabajo consistía en darte las golosinas, el cambio, y una partida cuando se te tragaba la moneda. Y cuyo infierno personal consistía en tener que escuchar doce horas al día aquella incansable combinación de melodías…

Recuerdo que cuando era muy pequeño mis padres me daban 75 ptas cada domingo. Iba a la sala de máquinas de mi barrio y siempre siempre siempre me gastaba 25 en una partida al Ghouls'n Goblins que me duraba... 25 segundos. Pasaba de la armadura a los gallumbos y de los gallumbos a los huesos tan rápidamente que ni siquiera me daba tiempo a calentar el taburete, en el que tenía que sentarme obligatoriamente para llegar a la pantalla.

Es que era tan malo que mi sueño simplemente era que la máquina me pidiera el nombre al acabar... Pero siempre tenía que consolarme con darle al botón 10 veces para pasar la cuenta atrás del “continue”... Y es que enseguida me quedaba sin vidas. Por cierto, en aquellos tiempos... ya podías estar jugando a un juego de naves, de guerra, de coches, o de nubes de colores... que a las vidas se les llamaba siempre “tanques”. “¿Cuántos tanques te quedan? Me quedan dos tanques...”

Era genial perder el tiempo en las salas de máquinas... Los niños de catorce años eran para ti los auténticos amos del universo. Incluso corrían rumores de que alguien se había petado según qué juego. En un recreativo de Cambrils existía la leyenda de que quien se pasase el juego entero del Mortal Kombat... sería invitado a quedarse una noche entera en la sala pudiendo jugar a todo lo que quisiera y pudiendo comer todas las chucherías que le apetecieran... Pero de ser cierto… ¡¿eso no habría sido ilegal?! Y en cambio todos los tapones de metro cuarenta allá soñando con aquel premio...

Otras 25 ptas me las gastaba siempre en 5 chucherías. Las chuches, qué entrañables: el huevo, la nube, el palote... Oye, y una duda existencial, ¿cómo se dice, “el regaliz” o “la regaliz”...?! ¡¿Y qué sabor era el “pica pica”?! Y las otras 25 ptas… en un mítico flash. ¡¿Recordáis cuando se corrió el rumor de que los flashes de cola eran… cancerígenos?! ¿Por qué alguien diría eso…?

Pero hoy en día... las salas de máquinas ya no son como las de antes... Las de ahora si no tienen una nave espacial virtual, un simulador de catamaranes, y un videojuego de tractores con tractores de verdad... ya no son salas dignas. Ya no quedan como las de toda la vida, con su par de pinballs, futbolín al lado del billar, y, obligadamente... el streetfighter, el wonder boy, el outrun y el tetris...

Ay, qué mítico todo, qué recuerdos más entrañables, por Dios... Por todo eso y más... cada vez que tenía recreo… yo lo invertía en aquellas salas… ¡Por algo las llamarían “recreativas”!

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